21 junio, 2009

Las decisiones de los veintitantos

Te gusta un chico a los 15.

Debe tener ojos bonitos, sonrisa perfecta, tiene que ser divertido. Si tiene muchos amigos, es lo máximo, si está entre los más lindos, es un punto a favor. No te importa tanto si le va bien en el colegio ni qué tanto se esfuerza para conseguir lo que desea. Si le gustas, es todo, no hay más que pensar. Y si te dice que le gustas "muchísimo", estás en el paraíso.

En realidad jamás estuve en el grupo de las que pensaban de esa manera. De hecho, mis gustos eran analizados y cuestionados por muchas de mis mejores amigas. Pero aún así, ahora que tengo veintitantos siento que la lista de requisitos se está volviendo menos física, pero aún así más selectiva. Ya no importa en lo absoluto que tenga muchos amigos. Ya no importa si está en el grupo de los atractivamente lindos, si tiene la cara bonita, los ojos lindos, la sonrisa perfecta. Que te diga que le gustas mucho ya no es suficiente.

Creo que los de veintitantos comenzamos a sentir que en una década ya comenzaremos a formar una familia y que desde ahora ya tenemos que pensarla. Como mi papá me decía, tener un compañero es tener a alguien al que no tengas que arrastrar ni que te ande arrastrando, que pueda caminar contigo de la mano. A la edad que me lo dijo me pareció gracioso escucharlo porque me imaginé yo flaquita (esos tiempos!!) cargando a mi novio en los hombros, pero a estas alturas pensar en un novio al que tenga que cargar me aterra. No podría estar con alguien que no tiene metas y expectativas. Con alguien que se conforme, que le guste lo fácil, o lo menos trabajoso. La lista de requisitos ha cambiado.

Pero... qué divertido era tener 15 años! Enamorarte de los ojos bonitos de alguien era entretenido.

Lo siento ojos bonitos, esta vez, paso.

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